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Aumento de salario mínimo
Desde mi muy particular punto de vista, el aumento al salario mínimo recién aprobado por el poder legislativo no es, por sí solo, la solución para mejorar la calidad de vida de los trabajadores…
Adultos con producto financiero en México
Desde mi muy particular punto de vista, el aumento al salario mínimo recién aprobado por el poder legislativo no es, por sí solo, la solución para mejorar la calidad de vida de los trabajadores.
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Afores rendimiento histórico
Desde mi muy particular punto de vista, el aumento al salario mínimo recién aprobado por el poder legislativo no es, por sí solo, la solución para mejorar la calidad de vida de los trabajadores.
Lo digo porque, por más aumentos que haya al salario, si los trabajadores —y la sociedad en general— no cuentan con bases sólidas de educación financiera, difícilmente podrán hacer una distribución más inteligente de su dinero.
Hay que recordar algo que todos hemos visto en carne propia: entre más dinero ganas, más gastas, si no cuentas con un correcto manejo de las finanzas.
Es como querer mantener en un nivel óptimo un neumático que tiene un agujero (una fuga de aire): por más que le pongas aire, tarde o temprano esa llanta acabará desinflada y no podrá rodar. Lo mismo pasa con las finanzas de las personas que no saben cómo identificar sus fugas de capital: por más que ganen dinero, llegará el momento en el que no tendrán un nivel óptimo en sus finanzas y se verán imposibilitados para ahorrar, invertir y crear patrimonio.
Y los datos no me dejan mentir. La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024 muestra que, aunque 76.5% de los adultos ya tiene al menos un producto financiero formal y 63% cuenta con una cuenta de ahorro, solo 8.2% ahorra exclusivamente de forma formal. En contraste, 36.6% de la población ahorró únicamente por vías informales —tandas, guardadito en casa, caja del trabajo— y 33.6% no ahorró de ninguna forma el último año.
Si vemos el mediano y largo plazo, la cosa no mejora mucho: apenas 42.2% de las personas tiene una cuenta para el retiro (Afore) y menos de una cuarta parte cuenta con algún seguro. Es decir, millones de mexicanos están en la ruta de recibir más salario… pero sin un plan real para protegerse de emergencias o para financiar su vejez.
Con este panorama, pensar que un aumento al salario mínimo, por sí solo, va a resolver la vida de las familias es engañarnos. Si el neumático sigue ponchado, no importa cuántas veces pasemos a la gasolinera.
Por eso, los aumentos al salario mínimo deben ir acompañados de campañas masivas y permanentes de educación financiera. No hablo de un par de spots en octubre, sino de programas serios y medibles para enseñar a la gente a presupuestar, ahorrar, invertir, usar el crédito con responsabilidad y entender qué significan conceptos tan básicos como “interés compuesto” o “costo total” de una deuda.
El gobierno y las empresas deben esforzarse más para crear programas de capacitación con temas básicos sobre ahorro, inversión, ahorro para el retiro y cuestiones fiscales, para que las personas sepan qué y por qué pagan impuestos, y cómo eso se relaciona con los servicios que reciben.
Al mismo tiempo, se debe trabajar en serio en iniciativas de ley para llevar la educación financiera a las aulas de los más jóvenes.
De hecho, en el Congreso ya se han presentado propuestas para incorporar la educación financiera básica en los planes y programas de estudio de secundaria y media superior, justo con la idea de que las nuevas generaciones no lleguen al primer empleo sin saber leer un recibo de nómina o una tabla de amortización.
Entre más pasa el tiempo y veo el actuar de nuestros legisladores, más me convenzo de que los esfuerzos por llevar educación financiera a los mexicanos deben venir, sobre todo, de la sociedad civil: organizaciones, escuelas, empresas, medios y creadores de contenido serios, que bajen estos temas “con peras y manzanas” a la vida diaria.
Mientras tanto, seguiremos viendo cómo los aumentos al salario mínimo serán, para muchos, solo aire que entra a un neumático ponchado, que tarde o temprano acabará desinflado e inservible… si no nos decidimos, de una vez por todas, a reparar la llanta de fondo: nuestra educación financiera.
Noticias de finanzas al día
Desde mi muy particular punto de vista, el aumento al salario mínimo recién aprobado por el poder legislativo no es, por sí solo, la solución para mejorar la calidad de vida de los trabajadores.
Lo digo porque, por más aumentos que haya al salario, si los trabajadores —y la sociedad en general— no cuentan con bases sólidas de educación financiera, difícilmente podrán hacer una distribución más inteligente de su dinero.
Hay que recordar algo que todos hemos visto en carne propia: entre más dinero ganas, más gastas, si no cuentas con un correcto manejo de las finanzas.
Es como querer mantener en un nivel óptimo un neumático que tiene un agujero (una fuga de aire): por más que le pongas aire, tarde o temprano esa llanta acabará desinflada y no podrá rodar. Lo mismo pasa con las finanzas de las personas que no saben cómo identificar sus fugas de capital: por más que ganen dinero, llegará el momento en el que no tendrán un nivel óptimo en sus finanzas y se verán imposibilitados para ahorrar, invertir y crear patrimonio.
Y los datos no me dejan mentir. La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024 muestra que, aunque 76.5% de los adultos ya tiene al menos un producto financiero formal y 63% cuenta con una cuenta de ahorro, solo 8.2% ahorra exclusivamente de forma formal. En contraste, 36.6% de la población ahorró únicamente por vías informales —tandas, guardadito en casa, caja del trabajo— y 33.6% no ahorró de ninguna forma el último año.
Si vemos el mediano y largo plazo, la cosa no mejora mucho: apenas 42.2% de las personas tiene una cuenta para el retiro (Afore) y menos de una cuarta parte cuenta con algún seguro. Es decir, millones de mexicanos están en la ruta de recibir más salario… pero sin un plan real para protegerse de emergencias o para financiar su vejez.
Con este panorama, pensar que un aumento al salario mínimo, por sí solo, va a resolver la vida de las familias es engañarnos. Si el neumático sigue ponchado, no importa cuántas veces pasemos a la gasolinera.
Por eso, los aumentos al salario mínimo deben ir acompañados de campañas masivas y permanentes de educación financiera. No hablo de un par de spots en octubre, sino de programas serios y medibles para enseñar a la gente a presupuestar, ahorrar, invertir, usar el crédito con responsabilidad y entender qué significan conceptos tan básicos como “interés compuesto” o “costo total” de una deuda.
El gobierno y las empresas deben esforzarse más para crear programas de capacitación con temas básicos sobre ahorro, inversión, ahorro para el retiro y cuestiones fiscales, para que las personas sepan qué y por qué pagan impuestos, y cómo eso se relaciona con los servicios que reciben.
Al mismo tiempo, se debe trabajar en serio en iniciativas de ley para llevar la educación financiera a las aulas de los más jóvenes.
De hecho, en el Congreso ya se han presentado propuestas para incorporar la educación financiera básica en los planes y programas de estudio de secundaria y media superior, justo con la idea de que las nuevas generaciones no lleguen al primer empleo sin saber leer un recibo de nómina o una tabla de amortización.
Entre más pasa el tiempo y veo el actuar de nuestros legisladores, más me convenzo de que los esfuerzos por llevar educación financiera a los mexicanos deben venir, sobre todo, de la sociedad civil: organizaciones, escuelas, empresas, medios y creadores de contenido serios, que bajen estos temas “con peras y manzanas” a la vida diaria.
Mientras tanto, seguiremos viendo cómo los aumentos al salario mínimo serán, para muchos, solo aire que entra a un neumático ponchado, que tarde o temprano acabará desinflado e inservible… si no nos decidimos, de una vez por todas, a reparar la llanta de fondo: nuestra educación financiera.
Noticias de finanzas al día
En ahorro, la foto muestra claroscuros. Cerca de 63% de la población dice tener una cuenta de ahorro formal, pero 36.6% sólo ahorra de forma informal (tandas, efectivo en casa) y 33.6% no ahorra de ninguna manera. Además, casi la mitad de quienes han tenido cuenta abrió primero una cuenta de nómina (46.5%), lo que indica que muchos entran al sistema financiero más por obligación laboral que por decisión propia.
Los grandes rezagos están en la protección y el retiro. Sólo 22.9% de la población cuenta con algún seguro, y apenas 42.2% tiene afore. La brecha de género es fuerte: solo 34.2% de las mujeres tiene afore, frente a 51.4% de los hombres, y de quienes ya están en el sistema, únicamente 7.9% realizó aportaciones voluntarias el último año. En lo digital, el uso de apps bancarias entre quienes tienen cuenta llega a 69.1%, pero aunque 38% ha oído hablar de CoDi, sólo 12.8% la ha usado. Y las brechas persisten: entre hablantes de lengua indígena, apenas 58.2% tiene algún producto financiero, 45.6% cuenta de ahorro y sólo 18.5% afore, recordatorio claro de que la inclusión financiera todavía está lejos de ser una realidad para todos.
